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Cinco años y un mes se cumplieron desde que el estudiante, Ricardo Alexis Harex González, 17 años, desapareciera misteriosamente la madrugada del 19 de octubre de 2001, luego de asistir a una fiesta de cumpleaños realizada en el barrio croata de la ciudad de Punta Arenas. Cinco años en que los organismos encargados de resolver el caso, no han logrado dilucidar ni mínimamente qué es lo que pudo ocurrir con la vida de este joven.
La dinámica de la investigación, al día de hoy, considera en síntesis los siguientes elementos: Cinco jueces han pasado por la causa, cuatro Prefectos de Investigaciones, cuatro requerimientos solicitando se designe un Ministro en visita y cuatro ocasiones en que dicho requerimiento ha sido rechazado.
Durante el mes de marzo de este año trabajó en la zona un equipo policial del más alto nivel compuesto por especialistas de “ Brigadas de Homicidios, de Inteligencia y de Personas Perdidas de Santiago y Concepción”, al mando del subprefecto Arenas, profesional con vasta experiencia en el tema de la investigación criminalística, lo que hacia presagiar importantes avances; sin embargo, a este mes de noviembre se tiene conocimiento que el informe emitido por dicha comisión, no estaría aportando ningún elemento concluyente en el enigma, nada nuevo al expediente lo que necesariamente lleva a concluir, según palabras muy acertadas y dolidas del padre de Ricardo Harex que el caso “le quedó grande a la policía”.
En razón a estos elementos, el fantasma de la impunidad, recobra aquí su holocaústica dimensión y trae al frente, una vez más, la mala y tórrida fama que han adquirido en Chile los organismos responsables de velar porque se cumplan las garantías constitucionales de los ciudadanos. Obligadamente saltan a la memoria casos como el de Jorge Matute, Hugo Arizpe, Lenin Zúñiga, etc.
Los habitantes de esta región expatriada estamos cansados de sentir en lo más hondo del corazón como aquello de que Chile llega hasta Puerto Montt continúa siendo una inhumana realidad que se ve duramente graficada en una instancia que ha intentado poner de rodillas nuestras más honestas y válidas aspiraciones de justicia.
Lo ha manifestado en forma diplomática, pero muy elocuente, nuestro reciente galardonado Premio Bicentenario 2006, don Mateo Martinic, formulando una necesaria y urgente invitación a las autoridades a dirigir la mirada a esta zona austral, al decir que: “hay que Magallanizar Chile”; pensamiento compartido por cada habitante de la región como un grito ahogado que recorre la soledad y el espíritu intrincado de nuestras pampas.
¿ Qué podemos hacer nosotros, desde estas indigentes latitudes para obtener la cobertura y el respeto necesario de parte de nuestras autoridades, debemos llamarlas así en lo formal, aunque ellas no sean nuestras en lo absoluto, para que asuman de una buena vez que también somos ciudadanos chilenos, ciudadanos muy comunes y muy corrientes, los que habitamos este confín? Hoy nos rebelamos y nos revolcamos en nuestra desazón: han transcurrido más de CINCO años desde que un joven, con los mismos sueños y anhelos que cualquier muchacho tiene a su edad en Iquique, Santiago, Concepción, con los mismos sueños que tendrá, seguramente la estudiante de enseñanza secundaria, hija de la Presidenta de la República, y que un día sale de su casa para compartir una celebración con sus amigos prometiendo no regresar muy tarde, despidiéndose con un beso en la mejilla y un hasta luego mamá..., y que aún tiene a su madre aguardando su regreso.
¿ Qué podemos hacer nosotros, desde estas indigentes latitudes para obtener la cobertura y el respeto necesario de parte de nuestras autoridades, debemos llamarlas así en lo formal, aunque ellas no sean nuestras en lo absoluto, para que asuman de una buena vez que también somos ciudadanos chilenos, ciudadanos muy comunes y muy corrientes, los que habitamos este confín? Hoy nos rebelamos y nos revolcamos en nuestra desazón: han transcurrido más de CINCO años desde que un joven, con los mismos sueños y anhelos que cualquier muchacho tiene a su edad en Iquique, Santiago, Concepción, con los mismos sueños que tendrá, seguramente la estudiante de enseñanza secundaria, hija de la Presidenta de la República, y que un día sale de su casa para compartir una celebración con sus amigos prometiendo no regresar muy tarde, despidiéndose con un beso en la mejilla y un hasta luego mamá..., y que aún tiene a su madre aguardando su regreso.
Dudo mucho que nuestra presidenta Michelle Bachelet, haya oído que existe una mujer en el extremo del mundo, habitando la misma nación que ella habita, y que lleva 1755 días con sus respectivas 1755 madrugadas, esperando , rogando, suplicando a la vida, a su Dios, a la locura , suplicando que le devuelvan a su único hijo; a veces, en un sueño utópico deseando poder contenerlo en ese nido ahuecado que hoy congela su regazo, y otras veces resignada a devolver a la tierra lo que de él quede, para sentir por fin un día, que ha recobrado su tesoro, su motivo de vivir, y brindarle así una razón lógica y certera a su corazón que ha continuado latiendo cuando hoy solo tiene fuerzas para enloquecer de dolor.
Tal vez se piensa que aquí en Magallanes las que parimos hijos somos entes desprovistos de alma, entes inválidos emocionalmente, y que esa parte de nuestro cuerpo, a la que damos vida propia y que nos convierte en Madres, ¿es para nosotras sólo casualidad, circunstancia fortuita, producto del azar, un invento en el destierro?
¿Qué hacemos ahora, desde este rincón olvidado del planeta, donde los hijos desaparecen entre los dedos del viento, sin dejar huellas?
¿Qué podemos hacer para tener una, solo una, bendita respuesta?
¿Alguien escuchará?
¿Habrá alguien del otro lado de la línea?
¿Habrá alguien QUE RESPONDA que solidarice, que escuche, que no se niegue a compartir el dolor que provoca uno de los horrores más grandes que puede enfrentar un ser humano...?
La dolorosa espera de los padres de Ricardo Harex, en el enlace:
http://www.ricardoharex.blogspot.com
